En Estados Unidos, la pena de muerte está viviendo un repunte sin precedentes. Según una investigación de The Guardian, la administración de Donald Trump ha usado todo el peso de la presidencia para acelerar las ejecuciones, pero al mismo tiempo se ha desatado una ola de errores que exhibe las grietas de todo el sistema.
El caso más reciente y perturbador es el de Christa Pike, ejecutada en Tennessee mediante inyección letal. El procedimiento tardó más de una hora solo para colocar las dos vías intravenosas por donde le aplicarían una dosis masiva de pentobarbital, un sedante usado comúnmente para provocar la muerte en estas ejecuciones. Durante ese tiempo, Pike intentó ayudar a su propio verdugo: les indicaba en voz alta dónde picarle, pidiéndoles que probaran en el hombro o en otras partes de su cuerpo, mientras el equipo la pinchaba repetidamente sin encontrar una vena viable.
Este tipo de fallas no son aisladas. Cada vez son más los reportes de ejecuciones que se complican por falta de personal capacitado, venas difíciles de localizar o protocolos mal ejecutados, lo que reabre el debate sobre si Estados Unidos debería seguir aplicando la pena capital bajo estas condiciones.
Te invitamos a leer la nota completa en The Guardian para conocer todos los detalles de este caso y el panorama más amplio detrás del aumento de ejecuciones en el país.
Fuente: Capital punishment is surging in the US – but after Christa Pike’s botched execution, what is its future? (The Guardian).
Imagen: Cowtools, BY-NC 2.0 (vía Openverse).

