Si lo ves desde lejos, el Museo del Pterosaurio de Hami parece una base espacial sacada de Marte; desde arriba, en cambio, luce como un conjunto de huevos de dinosaurio enterrados en la arena. Esta nueva atracción turística está ubicada en pleno desierto de Gobi, en el noroeste de China, una de las zonas más áridas y extremas del planeta, y exhibe cientos de fósiles de pterosaurios, esos reptiles voladores que convivieron con los dinosaurios hace millones de años.
Lo interesante no es solo lo que hay adentro, sino el edificio mismo. A diferencia de sus piezas prehistóricas, la construcción es una muestra de arquitectura contemporánea pensada para adaptarse al entorno hostil del desierto en lugar de pelearse con él. Sus salas de exhibición están bajo tierra, lo que ayuda a mantener temperaturas más estables sin depender tanto de aire acondicionado, mientras que enormes embudos de luz canalizan la iluminación natural hacia el interior.
Además, el museo cuenta con amplios campos de paneles solares que le permiten operar de forma sustentable, aprovechando que el Gobi recibe una altísima exposición solar durante casi todo el año. El resultado es un proyecto que combina ciencia, historia natural y diseño ecológico en una de las regiones más inhóspitas del mundo.
Si te interesa conocer más detalles sobre cómo lograron construir este museo en condiciones tan extremas, te invitamos a leer la nota original en The Guardian.
Fuente: Like dinosaur eggs in the sand: the pterosaur museum built to thrive in the Gobi desert (The Guardian).
Imagen: kevin dooley, BY 2.0 (vía Openverse).

