Durante casi 90 años, Estados Unidos no había realizado una ejecución pública, desde que en 1936 unas 20,000 personas se reunieron en Owensboro, Kentucky, para presenciar el ahorcamiento de Rainey Bethea, un joven afroamericano sentenciado por violar y asesinar a una mujer mayor. El espectáculo, que incluyó vendedores de palomitas y refrescos, avergonzó tanto a las autoridades que el estado prohibió este tipo de actos año y medio después, y la mayoría del país siguió el ejemplo conforme la opinión pública exigía métodos más privados.
Ahora, ese capítulo parece reabrirse. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció que el ejército ejecutará públicamente a Nidal Hasan, quien en 2009 mató a 13 soldados desarmados en la base militar de Fort Hood, Texas. Según el Pentágono, el fusilamiento ocurrirá en diciembre y será transmitido en vivo por internet.
Especialistas como el profesor Michael Radelet, de la Universidad de Colorado, se dicen sorprendidos, pues el respaldo social a la pena de muerte ha caído de 80% en 1994 a 52% actualmente. Para él, convertir una ejecución en contenido transmitido equivale a transformarla en entretenimiento. Sonya Lea, autora de un libro sobre el caso de 1936, calificó aquel episodio como “un carnaval de sadismo” y teme que la tecnología actual multiplique ese horror a escala global.
Te invitamos a leer la nota original de la BBC para conocer más detalles de esta historia.
Fuente: Public executions in the US stopped nearly a century ago – why are they resuming now? (feeds.bbci.co.uk).
Imagen: José Guadalupe Posada, CC0 1.0 (vía Openverse).

